Top ten de libros para chavitos de todas las edades

Asistentes al taller literario para niños de Biblionautas, leyendo antes de iniciar la sesión.

Asistentes al taller literario para niños de Biblionautas, leyendo antes de iniciar la sesión.

Por: Dalina Flores Hilerio

Es muy común encontrar entre las redes sociales un sinnúmero de recomendaciones de lectura para todos los gustos y edades. Recientemente encontré un post con una imagen de los diez libros imprescindibles para niños (a propósito del día del niño, claro), según la perspectiva de la página “Más libros, mejor futuro”.
“Libros clásicos para niños”, decía la imagen y, sin duda, darle una revisada a los títulos incluidos me hizo evocar muchos gratos recuerdos, aunque no todos de la infancia. Algunos de ellos los leí cuando era niña, pero no todos. Lo que sí recuerdo es que, independientemente de la edad, los disfruté mucho; aunque, la verdad, es que los leí porque ya me gustaba leer. Es decir, no llegué a ellos de forma casual, ni para iniciarme en la lectura.
Esas reflexiones y recuerdos me llevaron a cuestionar dos aspectos que siempre me han hecho ruido: por qué seguimos casados con los clásicos, y por qué, a estas alturas del hermoso universo literario nacional, insistimos en darle prioridad y publicidad a libros de otras culturas y, que en el mejor de los casos se consiguen con, más o menos, decentes traducciones.

Los libros sugeridos en esa imagen son: El principito, Las aventuras de Tom Sawyer, Momo, Robinson Crusoe, Cuentos de la selva, La isla del tesoro, Viaje al centro de la tierra, el príncipe Feliz, El viejo y el mar y Un cuento de navidad. No me dejarán mentir, quienes han leído estas maravillosas narraciones, que, en primer lugar, el nivel de competencia lecto-literaria requerido en los hipotéticos lectores es muy disímil, para abordar con placer esas lecturas, y estas competencias, de alguna manera, están más desarrolladas en adolescentes/jóvenes, con historias lectoras previas, que con las de un niño de 6 o 7 años.
Por otra parte, no quiero decir que los clásicos sean anacrónicos ni que su valor se encuentre lejos de nuestra cultura local; al contrario, ya bien lo han dicho desde Calvino y Colomer, hasta los pedagogos más tradicionales: en la literatura clásica resuenan las voces del pasado que nos han convertido en lo que somos y, dialogar con ellos, es una forma de reconocernos como especie.
De hecho, me encantan muchos libros clásicos y en mi ranking del mundo mundial, un par de los enlistados está en mi top 50 de toda la vida, como El príncipe feliz, de Wilde, y Momo, de Ende. Los otros ocho son, verdaderamente, adorables. Sin embargo, cuando abanderamos el discurso de formar lectores, estoy segura de que algunas de esas recomendaciones, en verdad, no abren la puerta para la lectura a cualquier indefenso chaval.

He visto en librerías a madres y padres, adultos en general, que se dejan llevar por estas sugerencias y, con la intención de promover la lectura en sus enanos, eligen El principito para nenes de 6 años que apenas empiezan a decodificar. Y he visto cómo algunos de estos niños se sienten atraídos, acaso, por las imágenes y luego, sin entender mucho el lirismo del texto, terminan abandonándolo en cualquier rincón.
También, a nivel cultural, no es un secreto que la legitimación del discurso literario es un proceso que tiene que ver con muchas variables cuya esencia no es siempre estética o lúdica, y que muchos textos se encuentran fuera de las listas canónicas por razones incomprensibles. Por eso, no como una manera de restarle validez a la propuesta de “Más libros, mejor futuro” y de muchas personas que, sin duda, consideran que es necesario fomentar la lectura de los ‘clásicos infantiles’, me he tomado la libertad de hacer mis recomendaciones región 4. Y no quisiera que se entendiera mi nominación en un sentido peyorativo, sino sólo como un apelativo juguetón para enmarcar mi propuesta. No es un secreto, como saben, que, por vicio o enfermedad profesional, yo prefiero sobre cualquier otro texto, los escritos literaria y originalmente en español, de ahí que mis sugerencias se orienten hacia:

Para primeros navegantes (si simplificamos la competencia lecto-literaria, traduciéndola en edades, podría ser más o menos para chavitos a partir de los 5 años)

  1. La armónica, Toño Malpica
  2. Mi abuelo es poeta, Toño Malpica
  3. La peor señora del mundo, Francisco Hinojosa
  4. Clubes rivales, Javier Malpica
  5. Mi abuelo el luchador, Antonio Ramos.
  6. La vaca que se creía mariposa, Emilio Ángel Lome
  7. El peinado de la tía Chofi, Vivian Mansour
  8. El agujero negro, Alicia Molina
  9. Los casibandidos que casi roban el sol, Triunfo Arciniegas
  10. Murmullos bajo mi cama, Jaime Alfonso Sandoval

Para aventureros (que, bajo el criterio anterior, equivaldría a chavos a partir de los 9 años)

  1. Natacha (toda la serie), Luis Maria Pescetti
  2. Margot, la pequeña pequeña historia de una casa en Alfa Centaury, Toño Malpica
  3. Las sirenas sueñan con trilobites, Martha Rivapalacio
  4. Diario de un desenterrador de dinosaurios, Juan Carlos Quezadas
  5. La risa de los cocodrilos, María Baranda
  6. Cosas que los adultos no pueden entender, Javier Malpica
  7. Los mil años de Pepe Corcueña, Toño Malpica
  8. Agencia de detectives escolares, Jaime Alfonso Sandoval
  9. Las mejores alas, Toño Malpica
  10. El libro salvaje, Juan Villoro

Para capitanes en formación (de 12 años, con historias lectoras, para arriba)

  1. El club de la salamandra, Jaime Alfonso Sandoval
  2. Informe preliminar sobre la existencia de los fantasmas, Toño Malpica
  3. Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar, Luis Sepúlveda
  4. Ojos llenos de sombra, Raquel Castro
  5. La panza del Tepozteco, José Agustín
  6. Desde los ojos de un fantasma, Juan Carlos Quezadas
  7. Algunas primeras veces, Ana Romero
  8. La guarida de las lechuzas, Antonio Ramos
  9. El complejo de Faetón, Andrés Acosta
  10. Lo que tú necesitas es tener una bicicleta, Eusebio Ruvalcaba

Debo enfatizar que mis recomendaciones sólo incluyen narrativa, y son de libros en español, no traducidos, pues si incluyera traducciones no podría dejar fuera de esta lista al adoradísimo Anthony Browne, a Chris van Allsburgh, a Mem Fox, a Satoshi Kitamura, a Michael Kiney, a Neil Gaiman, David McKee, Janne Teller, etc.